Staff MT
18-abr-2007, 10:49
La línea que separa a los equipos grandes de los chicos en nuestro balompié es cada vez más delgada. El ritmo de competencia en México y la poca hegemonía de los supuestos históricos sobre el resto de los participantes terminan ocasionando que prácticamente todas y cada una de las escuadras a las que se les adjudica dicha etiqueta basen dicha afirmación en la importancia histórica, mas no en lo que han hecho o dejado de hacer sobre el terreno de juego en los últimos años.
Si uno apela a la cosecha de coronas en torneos cortos, equipos como el Pachuca los Diablos Rojos tendrían mayores argumentos para ser considerados como conjuntos a vencer, pues se han acostumbrado a entregar buenos resultados y se han adaptado de buena forma a las exigencias del sistema de competencia vigente en el futbol de nuestro país.
Lo anterior lo comento por las actitudes que están adoptando dos entidades “grandes”: Pumas y América, especialmente la primera. Los de azul y oro se metieron en problemas de porcentaje, hecho indigno de por sí para quienes presumen importancia y protagonismo, pero no sólo eso, sino que ya salvados están muy cerca de abandonar cualquier posibilidad de clasificar a la fiesta grande.
Algunos justifican a la oncena dirigida por Ricardo Ferretti señalando que este conjunto fue armado para evitar la quema del descenso, objetivo alcanzado; sin embargo, habría que apelar al pasado y a los ideales de una institución para percatarse que ese tipo de actitudes conformistas no van con los principios de la entidad a la que representan.
Confieso que no soy muy afín al trabajo de Ricardo Ferretti. Cuando se anunció que él tomaría las riendas de la oncena universitaria, comprendí que saldrían con cierta facilidad del embrollo porcentual en el que estaban metidos, pero también anticipé que la cosecha de títulos estaba descartada para los del Pedregal. Y todo hace indicar que así va a ser. El “Tuca” no es ni de lejos un técnico exitoso en instancias finales y difícilmente logra convencer a la afición con su estilo de juego.
Contradictorio resulta que se hable de convencer y responder a los seguidores con un equipo ofensivo y entregado, y que, por otro lado, se designe como timonel a un hombre capaz en cuanto a la cosecha de resultados, pero con poca fortuna en Liguilla y con sólo un lauro en lo que va de su ya longeva trayectoria como director técnico.
El futbol azteca es uno de los muy contados casos en los que se acepta que las exigencias de los grandes se manejen de acuerdo a las circunstancias. En México, no tienen que ganarlo todo. Ahí tenemos al América, escuadra que había tirado por la borda cualquier posibilidad en la Copa Libertadores y que encontró en un milagro producto del carácter de sus habituales suplentes, la ocasión de seguir con vida en el máximo certamen continental a nivel de clubes.
Pesar debe provocarnos el que Luis Fernando Tena diga que "es más importante la Libertadores, pero tenemos más posibilidades de ganar la liga", como si se tratara de una misión imposible y como si no tuviera elementos dignos de generar envidia en cualquier otro equipo del continente. Todo sea con tal de tener el puesto seguro, de no comprometerse y de aprovechar que las directivas manejan un discurso para los aficionados y otro para asuntos internos.
Las Águilas están por avanzar en ambas competencias. No obstante, el "Flaco" Tena tiene que estar consciente de que la única posible justificación para explicar una filosofía tan conservadora sería la consecución de cuando menos uno de los dos títulos en disputa. Sólo así, podría entenderse el porqué una escuadra llamada a ser espectacular termina aburriendo a propios y extraños y ganando más por individualidades que por un auténtico juego de conjunto.
Es muy fácil dejarse llevar por el resultado inmediato, sonreír como si nada pasara. Lo cierto, es que el medio futbolístico está llamado a exigir con mayor severidad a quienes tendrían que ser protagonistas. Caso contrario, estaremos inmersos de forma permanente en una capa de mediocridad y justificaciones que permite a los "grandes" continuar con los pretextos y el desdén a sus propios aficionados.
Si uno apela a la cosecha de coronas en torneos cortos, equipos como el Pachuca los Diablos Rojos tendrían mayores argumentos para ser considerados como conjuntos a vencer, pues se han acostumbrado a entregar buenos resultados y se han adaptado de buena forma a las exigencias del sistema de competencia vigente en el futbol de nuestro país.
Lo anterior lo comento por las actitudes que están adoptando dos entidades “grandes”: Pumas y América, especialmente la primera. Los de azul y oro se metieron en problemas de porcentaje, hecho indigno de por sí para quienes presumen importancia y protagonismo, pero no sólo eso, sino que ya salvados están muy cerca de abandonar cualquier posibilidad de clasificar a la fiesta grande.
Algunos justifican a la oncena dirigida por Ricardo Ferretti señalando que este conjunto fue armado para evitar la quema del descenso, objetivo alcanzado; sin embargo, habría que apelar al pasado y a los ideales de una institución para percatarse que ese tipo de actitudes conformistas no van con los principios de la entidad a la que representan.
Confieso que no soy muy afín al trabajo de Ricardo Ferretti. Cuando se anunció que él tomaría las riendas de la oncena universitaria, comprendí que saldrían con cierta facilidad del embrollo porcentual en el que estaban metidos, pero también anticipé que la cosecha de títulos estaba descartada para los del Pedregal. Y todo hace indicar que así va a ser. El “Tuca” no es ni de lejos un técnico exitoso en instancias finales y difícilmente logra convencer a la afición con su estilo de juego.
Contradictorio resulta que se hable de convencer y responder a los seguidores con un equipo ofensivo y entregado, y que, por otro lado, se designe como timonel a un hombre capaz en cuanto a la cosecha de resultados, pero con poca fortuna en Liguilla y con sólo un lauro en lo que va de su ya longeva trayectoria como director técnico.
El futbol azteca es uno de los muy contados casos en los que se acepta que las exigencias de los grandes se manejen de acuerdo a las circunstancias. En México, no tienen que ganarlo todo. Ahí tenemos al América, escuadra que había tirado por la borda cualquier posibilidad en la Copa Libertadores y que encontró en un milagro producto del carácter de sus habituales suplentes, la ocasión de seguir con vida en el máximo certamen continental a nivel de clubes.
Pesar debe provocarnos el que Luis Fernando Tena diga que "es más importante la Libertadores, pero tenemos más posibilidades de ganar la liga", como si se tratara de una misión imposible y como si no tuviera elementos dignos de generar envidia en cualquier otro equipo del continente. Todo sea con tal de tener el puesto seguro, de no comprometerse y de aprovechar que las directivas manejan un discurso para los aficionados y otro para asuntos internos.
Las Águilas están por avanzar en ambas competencias. No obstante, el "Flaco" Tena tiene que estar consciente de que la única posible justificación para explicar una filosofía tan conservadora sería la consecución de cuando menos uno de los dos títulos en disputa. Sólo así, podría entenderse el porqué una escuadra llamada a ser espectacular termina aburriendo a propios y extraños y ganando más por individualidades que por un auténtico juego de conjunto.
Es muy fácil dejarse llevar por el resultado inmediato, sonreír como si nada pasara. Lo cierto, es que el medio futbolístico está llamado a exigir con mayor severidad a quienes tendrían que ser protagonistas. Caso contrario, estaremos inmersos de forma permanente en una capa de mediocridad y justificaciones que permite a los "grandes" continuar con los pretextos y el desdén a sus propios aficionados.