Staff MT
20-dic-2008, 09:03
Un grupo de chicas japonesas se abrió camino entre la multitud para colocarse al lado de la valla que las separaba del pasillo por donde caminaría a su arribo al aeropuerto de Tokio.
Fueron algunas de las afortunadas con las que se detuvo para firmarles su camiseta. Una era azul de algún torneo de Pepsi con el número 9 en amarillo, otra era la blanca de la Selección Portuguesa con el número 7 en color verde, una rayada verde y blanco, del Sporting de Lisboa con el número 28, y curiosamente, había otra con ese mismo número pero blanca y con tres franjas negras en los hombros.
Mientras firmaba rápidamente y sin poner mucha atención, se detuvo con esta última que no le pareció familiar. No sabía si debía firmarla, ya que era una que estaba seguro que no había vestido, pero que quizá pronto lo haría.
Intencionalmente, se distrajo firmando otras camisetas que tenía cerca, y después continuó con su camino para incorporarse con el resto de sus compañeros de equipo. Sabía perfecto que en un momento como ese, cualquier detalle podría ser muy mal interpretado.
Japón está vuelto loco con la visita del Manchester United, y más aún con la presencia del mejor jugador del año, el galán del momento en las canchas, quien le ha robado exposición al mismo David Beckham.
Al equipo británico le vino de maravilla estar tan lejos, en un momento como éste, en el que la bomba "Cristiano Ronaldo-Real Madrid" volvió a explotar. Rumores, ataques, agresiones, y una vez más, el mejor representante que existe hoy del Manchester United es quien da la cara por su directiva y jugadores.
Alex Ferguson se ve ya cansado de su peor enemigo, el Madrid, que le ha dado los peores dolores de cabeza en los últimos años, lo ha sacado de sus casillas, y si no fuera por la responsabilidad y compromiso que implica ser reconocido como "Sir", seguramente hubiera perdido los cabales en más de una ocasión.
A diferencia de Sir Alex, que inclusive ha presentado quejas ante la FIFA y ha acusado al Real Madrid de falta de moral y valores, Cristiano Ronaldo se limitó a decir que no había leído los periódicos, que no sabía nada de lo que se hablaba en torno a él, y señaló que estaba muy muy contento.
Finalmente, una vez más el experimentado técnico del Manchester ahuyentó al Real Madrid. Esta vez, bastó un día de declaraciones un poco de rudas ("a esa mafia no le vendería ni un virus") que calaran hondo en el orgullo madridista para que la Directiva desmintiera cualquier tipo de arreglo con el portugués para la siguiente temporada.
Así, ya todos más tranquilos, esperarán a que termine el año, y seguramente en los primeros meses del siguiente, se volverá a tocar el tema hasta que veamos a Cristiano Ronaldo con la camiseta blanca del Madrid.
Ya es costumbre que en el futbol, sobre todo en fin de año, salgan a la luz supuestas transferencias rimbombantes en las que siempre están involucrados los jugadores de moda.
En el fondo, son golpes mediáticos basados en fuentes no oficiales pero muy cercanas a los involucrados, y es a partir de ahí cuando los personajes principales del rumor, envueltos en la polémica, tienen que desmentir o aclarar algo que seguramente en un futuro sí ocurrirá.
Fueron algunas de las afortunadas con las que se detuvo para firmarles su camiseta. Una era azul de algún torneo de Pepsi con el número 9 en amarillo, otra era la blanca de la Selección Portuguesa con el número 7 en color verde, una rayada verde y blanco, del Sporting de Lisboa con el número 28, y curiosamente, había otra con ese mismo número pero blanca y con tres franjas negras en los hombros.
Mientras firmaba rápidamente y sin poner mucha atención, se detuvo con esta última que no le pareció familiar. No sabía si debía firmarla, ya que era una que estaba seguro que no había vestido, pero que quizá pronto lo haría.
Intencionalmente, se distrajo firmando otras camisetas que tenía cerca, y después continuó con su camino para incorporarse con el resto de sus compañeros de equipo. Sabía perfecto que en un momento como ese, cualquier detalle podría ser muy mal interpretado.
Japón está vuelto loco con la visita del Manchester United, y más aún con la presencia del mejor jugador del año, el galán del momento en las canchas, quien le ha robado exposición al mismo David Beckham.
Al equipo británico le vino de maravilla estar tan lejos, en un momento como éste, en el que la bomba "Cristiano Ronaldo-Real Madrid" volvió a explotar. Rumores, ataques, agresiones, y una vez más, el mejor representante que existe hoy del Manchester United es quien da la cara por su directiva y jugadores.
Alex Ferguson se ve ya cansado de su peor enemigo, el Madrid, que le ha dado los peores dolores de cabeza en los últimos años, lo ha sacado de sus casillas, y si no fuera por la responsabilidad y compromiso que implica ser reconocido como "Sir", seguramente hubiera perdido los cabales en más de una ocasión.
A diferencia de Sir Alex, que inclusive ha presentado quejas ante la FIFA y ha acusado al Real Madrid de falta de moral y valores, Cristiano Ronaldo se limitó a decir que no había leído los periódicos, que no sabía nada de lo que se hablaba en torno a él, y señaló que estaba muy muy contento.
Finalmente, una vez más el experimentado técnico del Manchester ahuyentó al Real Madrid. Esta vez, bastó un día de declaraciones un poco de rudas ("a esa mafia no le vendería ni un virus") que calaran hondo en el orgullo madridista para que la Directiva desmintiera cualquier tipo de arreglo con el portugués para la siguiente temporada.
Así, ya todos más tranquilos, esperarán a que termine el año, y seguramente en los primeros meses del siguiente, se volverá a tocar el tema hasta que veamos a Cristiano Ronaldo con la camiseta blanca del Madrid.
Ya es costumbre que en el futbol, sobre todo en fin de año, salgan a la luz supuestas transferencias rimbombantes en las que siempre están involucrados los jugadores de moda.
En el fondo, son golpes mediáticos basados en fuentes no oficiales pero muy cercanas a los involucrados, y es a partir de ahí cuando los personajes principales del rumor, envueltos en la polémica, tienen que desmentir o aclarar algo que seguramente en un futuro sí ocurrirá.