Staff MT
30-jun-2008, 20:04
Pasé la noche de ayer en la Rambla en Barcelona, viviendo de primera mano las celebraciones por el triunfo de la Selección Española. Desde antes del partido me sorprendía el hecho de que tantos catalanes hubieran hecho suya la camiseta de la Roja y en las horas posteriores al título me volví a impresionar.
Durante casi toda la historia moderna de España, alentar al equipo nacional ha significado ser de derecha, apoyar al poder central contra los regionalismos. La Madre Patria es todo menos un país unido y en general, salvo en el centro y el sur, sus habitantes se sienten más identificados con su club y la provincia en donde nacieron que en la nación que aparece en la portada de su pasaporte.
¿Será el triunfo de España la posibilidad de unir al país, como sucedió con Francia en 1998? Difícilmente. Pero lo cierto es que, por lo menos, existe ahora una consciencia colectiva de que los hispanos no son un grupo de perdedores que siempre empieza con la ilusión al máximo y regresa con la cola entre las patas.
Cómo lo aprovechen ahora es otra cuestión. Desde Madrid empezaron ya con el nacionalismo a ultranza que irrita tanto a vascos y catalanes, pero en Barcelona y Euskadi parecen contentos con celebrar y no han caído en la discusión habitual. Habrá que ver si las portadas de los diarios vuelven a ser regionales y la Selección regresa a un segundo plano en la mente de los aficionados, o si, por fin, la victoria sirve para revalorizar de una vez por todas el concepto que se tiene de la Roja y que los españoles se convenzan de que tienen un equipo para ganarle a cualquiera.
Porque esa es la otra discusión: ¿es España una potencia futbolística a nivel Selección ahora? La verdad es que, hasta hace una semana, yo no estaba convencido del real valor del equipo. Me parecía una escuadra predecible, que elaboraba en demasía sus jugadas y cuyo entrenador sacrificaba el evidente talento de sus jugadores en beneficio de un colectivo que no funcionaba como debería.
Sin embargo, y como suele suceder cuando uno se arriesga a dar un pronóstico, los dos últimos encuentros de la Roja lo cambiaron todo. Le dieron un paseo a Rusia y ganaron con todo merecimiento a Alemania. Jugadores como Xavi e Iniesta se salieron del corsé del medio terreno y empezaron a crear juego. Torres despertó. Cesc entró cuando más se le necesitaba y, por fin, en una posición más retrasada desde donde podía repartir juego.
Sergio Ramos se acordó de que es el mejor lateral del mundo y secó por completo a Zhirkov, que le disputaba la supremacía europea. Después, el propio jugador del Real Madrid se tiró un partidazo en la final. Senna jugó como si su nombre fuera Ayrton y no Marcos. Recorrió todo el terreno del mundo y, él solo, secó a Ballack y a Podolski con su juego intenso y leal.
Aragonés acertó en todo. Puso cinco medios contra Rusia tras la lesión de Villa y nunca le prestó el balón al rival. Mantuvo el planteamiento contra Alemania pero entendió que Frings estaba ahogando a Cesc y eso limitaba el tránsito del balón. Cuando lo sacó, España se liberó y nunca más sufrió en el partido.
En general el equipo español demostró que es capaz de ganar en los momentos que hace falta. Y su mentalidad, que tanto lo había traicionado en el pasado, fue su mejor arma. Para muestra, un botón, en el minuto 10, Senna despejó de cabeza un centro alemán, el balón salió bombeado y, el propio mediocampista corrió unos diez metros para tratar de evitar que la pelota se fuera a tiro de esquina, cuando cualquiera se hubiera conformado con esperar. No lo logró, pero ese es un ejemplo de estar con la cabeza buen puesta en el partido.
Ahora habrá que ver lo que depara el futuro. Extrañamente, parece más fácil que un equipo nuevo gane una Euro que un Mundial a pesar de que son competencias de nivel similar. Creo que para ganar una Copa del Mundo hay que tener o una gran tradición o un jugador fuera de serie y, por el momento, España no tiene ninguna de las dos cosas.
Lo que sí tiene es un colectivo impresionante. El hecho de que Xavi, un futbolista de equipo por excelencia, haya sido nombrado mejor jugador del torneo, lo dice todo. ¿Será suficiente para ir hasta el final en Sudáfrica? Habrá que esperar. Pero es adelantarse demasiado. Por lo pronto, ojalá que la victoria sirva para cerrar un poco las heridas de un país que las lleva abiertas desde hace tantos años. Buena falta le hace.
Durante casi toda la historia moderna de España, alentar al equipo nacional ha significado ser de derecha, apoyar al poder central contra los regionalismos. La Madre Patria es todo menos un país unido y en general, salvo en el centro y el sur, sus habitantes se sienten más identificados con su club y la provincia en donde nacieron que en la nación que aparece en la portada de su pasaporte.
¿Será el triunfo de España la posibilidad de unir al país, como sucedió con Francia en 1998? Difícilmente. Pero lo cierto es que, por lo menos, existe ahora una consciencia colectiva de que los hispanos no son un grupo de perdedores que siempre empieza con la ilusión al máximo y regresa con la cola entre las patas.
Cómo lo aprovechen ahora es otra cuestión. Desde Madrid empezaron ya con el nacionalismo a ultranza que irrita tanto a vascos y catalanes, pero en Barcelona y Euskadi parecen contentos con celebrar y no han caído en la discusión habitual. Habrá que ver si las portadas de los diarios vuelven a ser regionales y la Selección regresa a un segundo plano en la mente de los aficionados, o si, por fin, la victoria sirve para revalorizar de una vez por todas el concepto que se tiene de la Roja y que los españoles se convenzan de que tienen un equipo para ganarle a cualquiera.
Porque esa es la otra discusión: ¿es España una potencia futbolística a nivel Selección ahora? La verdad es que, hasta hace una semana, yo no estaba convencido del real valor del equipo. Me parecía una escuadra predecible, que elaboraba en demasía sus jugadas y cuyo entrenador sacrificaba el evidente talento de sus jugadores en beneficio de un colectivo que no funcionaba como debería.
Sin embargo, y como suele suceder cuando uno se arriesga a dar un pronóstico, los dos últimos encuentros de la Roja lo cambiaron todo. Le dieron un paseo a Rusia y ganaron con todo merecimiento a Alemania. Jugadores como Xavi e Iniesta se salieron del corsé del medio terreno y empezaron a crear juego. Torres despertó. Cesc entró cuando más se le necesitaba y, por fin, en una posición más retrasada desde donde podía repartir juego.
Sergio Ramos se acordó de que es el mejor lateral del mundo y secó por completo a Zhirkov, que le disputaba la supremacía europea. Después, el propio jugador del Real Madrid se tiró un partidazo en la final. Senna jugó como si su nombre fuera Ayrton y no Marcos. Recorrió todo el terreno del mundo y, él solo, secó a Ballack y a Podolski con su juego intenso y leal.
Aragonés acertó en todo. Puso cinco medios contra Rusia tras la lesión de Villa y nunca le prestó el balón al rival. Mantuvo el planteamiento contra Alemania pero entendió que Frings estaba ahogando a Cesc y eso limitaba el tránsito del balón. Cuando lo sacó, España se liberó y nunca más sufrió en el partido.
En general el equipo español demostró que es capaz de ganar en los momentos que hace falta. Y su mentalidad, que tanto lo había traicionado en el pasado, fue su mejor arma. Para muestra, un botón, en el minuto 10, Senna despejó de cabeza un centro alemán, el balón salió bombeado y, el propio mediocampista corrió unos diez metros para tratar de evitar que la pelota se fuera a tiro de esquina, cuando cualquiera se hubiera conformado con esperar. No lo logró, pero ese es un ejemplo de estar con la cabeza buen puesta en el partido.
Ahora habrá que ver lo que depara el futuro. Extrañamente, parece más fácil que un equipo nuevo gane una Euro que un Mundial a pesar de que son competencias de nivel similar. Creo que para ganar una Copa del Mundo hay que tener o una gran tradición o un jugador fuera de serie y, por el momento, España no tiene ninguna de las dos cosas.
Lo que sí tiene es un colectivo impresionante. El hecho de que Xavi, un futbolista de equipo por excelencia, haya sido nombrado mejor jugador del torneo, lo dice todo. ¿Será suficiente para ir hasta el final en Sudáfrica? Habrá que esperar. Pero es adelantarse demasiado. Por lo pronto, ojalá que la victoria sirva para cerrar un poco las heridas de un país que las lleva abiertas desde hace tantos años. Buena falta le hace.