Staff MT
19-mar-2008, 11:52
Detrás de los aplausos y el sentimiento de superioridad que el pueblo americanista presumió sobre el Cruz Azul en cuanto se finiquitó el empate a dos sobre la cancha del Estadio Azul, se encuentra una lectura que aparece como prueba irrefutable de la poca seriedad e importancia que se le otorga a la grandeza histórica de un club, al compromiso que una entidad adquiere con sus millones de aficionados alrededor del país y más allá de nuestras fronteras.
Que un Clásico termine con paridad en el marcador no es novedad, pero sí lo es el que Cuerpo Técnico, jugadores y directivos de uno de estos dos contendientes se muestren más que satisfechos con el resultado obtenido.
Conocido es que el sistema de competencia en México abre las puertas a una dinámica en la que los supuestos "grandes" rara vez acaban triunfando. Paridad envidiable para cualquier otra liga local, dicen los optimistas. Mediocridad extrema, afirman quienes anhelan el regreso a los torneos largos.
Sin caer en el maniqueísmo de cerrarnos a una u otra alternativa, queda en claro la importancia de fomentar el crecimiento de aquellas marcas o nombres con un poder de convocatoria nacional, pues son éstas las que acaban siendo más redituables en términos comerciales y las que, en determinado momento, contribuyen a que los triunfos del resto adquieren una mayor valía.
El tema da para discutir entre aquellos que se dicen amantes de la pluralidad y quienes consideramos como una necesidad el que los equipos de elevada trascendencia no monopolicen el torneo, pero sí que se trate de auténticos rivales a vencer, de instituciones que imponen respeto y que harán aún más emocionantes los triunfos de otros contendientes.
No se trata de caer en el aburrimiento de otras ligas, sino de utilizarlos como punta de lanza para incrementar el nivel del futbol nuestro de cada día.
El "Clásico joven" entre La Máquina y las Águilas fue un ejemplo inequívoco de la falta de planeación por parte de dos de las instituciones ancla de nuestra estructura balompédica.
Mientras uno se encuentra frustrado por no ganarle al odiado enemigo, el otro acaba rogando porque el partido concluya con la igualada. Y no culpo a Cañedo y compañía. Es lo mejor que les podía pasar después de tirar el torneo a la basura con una cutre planeación, multiplicada al máximo por los llamados a Selección Mexicana y las siempre inoportunas lesiones.
Los aficionados al conjunto azulcrema, habituados ya a no estar en lo más alto de la tabla, festejaron el valor del momento, la emotividad de mantener un rasgo de evidente paternidad.
Lo tienen bien merecido; sin embargo, no por ello deben dejarse de lado los cuestionamientos hacia la escasa importancia que en la agenda de Guillermo Cañedo parece tener el conjunto americanista, ni mucho menos tomar a la ligera la aparente indiferencia con que se trata a la entidad de Coapa en las altas esferas de la empresa de Chapultepec.
¿América ha dejado de importarle a Televisa? No lo creo, empero, es una tangible realidad el que la televisora ha encontrado caminos más exitosos y rápidos para posicionarse, sobre todo en tiempos en los que se habla más de su intención de penetrar en los mercados extranjeros que en invertir en territorio mexicano.
El emporio de Emilo Azcárraga, en ese afán por presentar una imagen de libertad periodística y objetividad, ha dejado de lado el americanismo descarado y ha optado por convertirse, cuando así lo ameritan las circunstancias, en uno de los críticos más incisivos. Sus razones, válidas o no, tendrá Televisa para haber decidido manejar un presupuesto más estrecho para el América.
La obligación de los emplumados radica en demostrar, a través de un planteamiento deportivo y comercial eficaz, que en el futbol hay magníficas oportunidades para proyectarse como una empresa exitosa, para generar ingresos extraordinarios en términos económicos y hasta para ser un referente a nivel mundial.
Si no lo creen, vean lo que ha hecho Jorge Vergara en esos campos, especialmente en lo relacionado a la mercadotecnia y la publicidad.
Que un Clásico termine con paridad en el marcador no es novedad, pero sí lo es el que Cuerpo Técnico, jugadores y directivos de uno de estos dos contendientes se muestren más que satisfechos con el resultado obtenido.
Conocido es que el sistema de competencia en México abre las puertas a una dinámica en la que los supuestos "grandes" rara vez acaban triunfando. Paridad envidiable para cualquier otra liga local, dicen los optimistas. Mediocridad extrema, afirman quienes anhelan el regreso a los torneos largos.
Sin caer en el maniqueísmo de cerrarnos a una u otra alternativa, queda en claro la importancia de fomentar el crecimiento de aquellas marcas o nombres con un poder de convocatoria nacional, pues son éstas las que acaban siendo más redituables en términos comerciales y las que, en determinado momento, contribuyen a que los triunfos del resto adquieren una mayor valía.
El tema da para discutir entre aquellos que se dicen amantes de la pluralidad y quienes consideramos como una necesidad el que los equipos de elevada trascendencia no monopolicen el torneo, pero sí que se trate de auténticos rivales a vencer, de instituciones que imponen respeto y que harán aún más emocionantes los triunfos de otros contendientes.
No se trata de caer en el aburrimiento de otras ligas, sino de utilizarlos como punta de lanza para incrementar el nivel del futbol nuestro de cada día.
El "Clásico joven" entre La Máquina y las Águilas fue un ejemplo inequívoco de la falta de planeación por parte de dos de las instituciones ancla de nuestra estructura balompédica.
Mientras uno se encuentra frustrado por no ganarle al odiado enemigo, el otro acaba rogando porque el partido concluya con la igualada. Y no culpo a Cañedo y compañía. Es lo mejor que les podía pasar después de tirar el torneo a la basura con una cutre planeación, multiplicada al máximo por los llamados a Selección Mexicana y las siempre inoportunas lesiones.
Los aficionados al conjunto azulcrema, habituados ya a no estar en lo más alto de la tabla, festejaron el valor del momento, la emotividad de mantener un rasgo de evidente paternidad.
Lo tienen bien merecido; sin embargo, no por ello deben dejarse de lado los cuestionamientos hacia la escasa importancia que en la agenda de Guillermo Cañedo parece tener el conjunto americanista, ni mucho menos tomar a la ligera la aparente indiferencia con que se trata a la entidad de Coapa en las altas esferas de la empresa de Chapultepec.
¿América ha dejado de importarle a Televisa? No lo creo, empero, es una tangible realidad el que la televisora ha encontrado caminos más exitosos y rápidos para posicionarse, sobre todo en tiempos en los que se habla más de su intención de penetrar en los mercados extranjeros que en invertir en territorio mexicano.
El emporio de Emilo Azcárraga, en ese afán por presentar una imagen de libertad periodística y objetividad, ha dejado de lado el americanismo descarado y ha optado por convertirse, cuando así lo ameritan las circunstancias, en uno de los críticos más incisivos. Sus razones, válidas o no, tendrá Televisa para haber decidido manejar un presupuesto más estrecho para el América.
La obligación de los emplumados radica en demostrar, a través de un planteamiento deportivo y comercial eficaz, que en el futbol hay magníficas oportunidades para proyectarse como una empresa exitosa, para generar ingresos extraordinarios en términos económicos y hasta para ser un referente a nivel mundial.
Si no lo creen, vean lo que ha hecho Jorge Vergara en esos campos, especialmente en lo relacionado a la mercadotecnia y la publicidad.