Staff MT
02-feb-2008, 17:26
Sigo en Australia, aún en Gold Coast. El miércoles viajaré a Melbourne para ver el partido entre los Socceroos y Qatar y tratar de entrevistar al técnico del equipo asiático, que es el uruguayo Jorge Fossatti. Me parece que será interesante ver cómo se adapta un latino, de más de 50 años, a un entorno tan extraño como el árabe.
Por lo pronto, estoy realmente sorprendido de la impresionante cultura deportiva que existe en este país. Es cierto que cada vez que uno escucha sobre deportes extremos, una de las paradas es Australia, y todos conocemos el Abierto de tenis y vimos a la Selección de futbol llegar a Octavos de Final del Mundial y ser eliminada por Italia tras un penalti muy dudoso que aún causa polémica. Pero no sólo es eso. En este país todo el mundo hace deporte. Es impresionante salir a la calle y encontrarse a gente corriendo o a chavos con sus tablas de surf. Hay canchas de tenis regadas por todos lados y campos de rugby y cricket, que son los deportes nacionales del país.
El domingo pasado fue la Final del Abierto, y en Gold Coast que está bastante lejos de Melbourne, había pantallas por todos lados y frente a cada una, cientos de personas viendo las acciones. Es un país que respira el deporte. La gente se preocupa mucho por ejercitarse, al punto que casi no hay obesidad.
Australia tuvo 49 medallas en los Juegos Olímpicos de Atenas, 17 de ellas de Oro, y el Comité Olímpico del país espera superar esa cifra, aunque se ve complicado por el dominio que ha conseguido Estados Unidos en la natación, tradicionalmente el deporte más fuerte de los canguros.
Sea como sea, la cifra va a estar alejadísima de la cantidad que tendrá México. Es verdad que el país está mucho más desarrollado, y una vez cubiertas las primeras necesidades, es mucho más fácil poderse enfocar a otras cosas. Pero aún así, en nuestro país no existe la cultura deportiva, eso es un hecho. México es el segundo país con mayor índice de obesidad en el mundo. Los clubes populares están en vías de extinción. Los medios promueven sólo al futbol y los aficionados se interesan por los otros deportes sólo cada cuatro años cuando tenemos una ligera esperanza de medalla.
Hace siete años, cuando Nelson Vargas entró a la CONADE tenía en su plan de trabajo implementar un programa para estimular la educación física en las escuelas. Pero el presupuesto del Gobierno fue tan ridículo que se quedó en el tintero como tantas otras buenas propuestas.
De hecho, al Gobierno de México el deporte le importa un cacahuate. Lo que sería lógico si le interesaran otros asuntos prioritarios, pero al ver el presupuesto que se le da a la educación, o el esfuerzo que se hace en que los más pobres puedan alimentarse correctamente entonces no queda nada más qué decir.
Y si a eso le sumamos las grillas habituales, entonces el panorama es aún más desolador. Mi pronóstico es que, por primera vez en muchos años, nuestro país regresará sin una sola medalla de los Juegos Olímpicos. Y lo triste es que no va a pasar nada, no habrá autoanálisis y todo seguirá igual.
La esperanza, por increíble que parezca, es la Selección de futbol Sub-23 y no lo tendrá fácil. A diferencia de hace cuatro años, no tendrá a sus mejores hombres para calificar y si lo consigue, en el Torneo Olímpico estarán las Selecciones más fuertes del mundo, algo que no pasó en Atenas, donde perdimos la oportunidad de medalla por la terquedad de La Volpe en llevar a puros jugadores que no superaban el 1.75.
Hace poco me dijo un ejecutivo de una de las televisoras. "Estamos rezando porque califique la Selección, porque si no, adiós ratings, vamos a tener que empezar a explicar de qué se trata el remo y cómo son las reglas de la vela". Ese es un problema que, sin duda, no van a tener las televisoras australianas.
Por lo pronto, estoy realmente sorprendido de la impresionante cultura deportiva que existe en este país. Es cierto que cada vez que uno escucha sobre deportes extremos, una de las paradas es Australia, y todos conocemos el Abierto de tenis y vimos a la Selección de futbol llegar a Octavos de Final del Mundial y ser eliminada por Italia tras un penalti muy dudoso que aún causa polémica. Pero no sólo es eso. En este país todo el mundo hace deporte. Es impresionante salir a la calle y encontrarse a gente corriendo o a chavos con sus tablas de surf. Hay canchas de tenis regadas por todos lados y campos de rugby y cricket, que son los deportes nacionales del país.
El domingo pasado fue la Final del Abierto, y en Gold Coast que está bastante lejos de Melbourne, había pantallas por todos lados y frente a cada una, cientos de personas viendo las acciones. Es un país que respira el deporte. La gente se preocupa mucho por ejercitarse, al punto que casi no hay obesidad.
Australia tuvo 49 medallas en los Juegos Olímpicos de Atenas, 17 de ellas de Oro, y el Comité Olímpico del país espera superar esa cifra, aunque se ve complicado por el dominio que ha conseguido Estados Unidos en la natación, tradicionalmente el deporte más fuerte de los canguros.
Sea como sea, la cifra va a estar alejadísima de la cantidad que tendrá México. Es verdad que el país está mucho más desarrollado, y una vez cubiertas las primeras necesidades, es mucho más fácil poderse enfocar a otras cosas. Pero aún así, en nuestro país no existe la cultura deportiva, eso es un hecho. México es el segundo país con mayor índice de obesidad en el mundo. Los clubes populares están en vías de extinción. Los medios promueven sólo al futbol y los aficionados se interesan por los otros deportes sólo cada cuatro años cuando tenemos una ligera esperanza de medalla.
Hace siete años, cuando Nelson Vargas entró a la CONADE tenía en su plan de trabajo implementar un programa para estimular la educación física en las escuelas. Pero el presupuesto del Gobierno fue tan ridículo que se quedó en el tintero como tantas otras buenas propuestas.
De hecho, al Gobierno de México el deporte le importa un cacahuate. Lo que sería lógico si le interesaran otros asuntos prioritarios, pero al ver el presupuesto que se le da a la educación, o el esfuerzo que se hace en que los más pobres puedan alimentarse correctamente entonces no queda nada más qué decir.
Y si a eso le sumamos las grillas habituales, entonces el panorama es aún más desolador. Mi pronóstico es que, por primera vez en muchos años, nuestro país regresará sin una sola medalla de los Juegos Olímpicos. Y lo triste es que no va a pasar nada, no habrá autoanálisis y todo seguirá igual.
La esperanza, por increíble que parezca, es la Selección de futbol Sub-23 y no lo tendrá fácil. A diferencia de hace cuatro años, no tendrá a sus mejores hombres para calificar y si lo consigue, en el Torneo Olímpico estarán las Selecciones más fuertes del mundo, algo que no pasó en Atenas, donde perdimos la oportunidad de medalla por la terquedad de La Volpe en llevar a puros jugadores que no superaban el 1.75.
Hace poco me dijo un ejecutivo de una de las televisoras. "Estamos rezando porque califique la Selección, porque si no, adiós ratings, vamos a tener que empezar a explicar de qué se trata el remo y cómo son las reglas de la vela". Ese es un problema que, sin duda, no van a tener las televisoras australianas.