Staff MT
23-ene-2008, 10:31
Hablar es una de las actividades preferidas de los seres humanos. Tengamos la razón o no, solemos caer en la tentación de discutir y trasladarnos a supuestos terrenos perfectos que la mayoría de las veces acaban convirtiéndose en una utopía peligrosa para el prometedor teórico que no traslada el valor de los dichos a la contundencia de los hechos. A las palabras se las lleva el viento, dicen algunos, mientras que otros lo recuerdan y se dicen a sí mismos que no volverán a ser engañados, aunque, con frecuencia, todo tiende a culminar en un circulo vicioso dañino para las partes involucradas.
La política y el deporte, en especifico el futbol, son dos de los campos propicios para lanzar discursos emotivos sin ponernos a pensar en la dificultad de su auténtica realización. Así como los candidatos presidenciales aprovechan las campañas para trazarnos e ilustrarnos el México soñado, encontramos en el balompié a esos “vendedores de ilusiones” (frase citada por Televisa para lanzarse en contra de Jorge Vergara) que aprovechan el mínimo tropiezo de sus colegas para colgarse del poder de un micrófono o de una declaración a la prensa escrita para ganar protagonismo y adeptos entre los aficionados.
De forma invariable, escuchamos quejas de “especialistas” con el deseo inmediato de quitarse la estafeta de conductores o periodistas para dirigir desde la línea de cal y ponerse en el otro lado de la moneda. Lo negativo de alcanzar un puesto aprovechando el importante espacio que otorgan los medios de comunicación es que el riesgo de sucumbir ante un tipo de efecto boomerang es más alto de lo que uno podría pensar. La misma fuerza utilizada para acceder al anhelado cargo es empleada por otros sectores para desnudar los errores y las carencias de quien asume el timón sin necesariamente presentar mayor capacidad que su antecesor.
La comunidad del futbol mexicano conoce el camino usado por el "Ruso" para acceder a la Dirección Técnica del América. El ex símbolo emplumado se valió de la fuerza mediática que le daba ESPN para lamentarse por el irregular desempeño de los de Coapa bajo el mando de Luis Fernando Tena. Acto seguido, la Directiva se siente presionada por la autoridad de uno de los referentes obligados de aquellas Águilas de los ochentas y le cuelga el saco de timonel sin que éste, Brailovsky, tuviera más mérito que el de haber sido un buen jugador sobre el terreno de juego.
Su propuesta de inicio fue romántica al cien por ciento. Diagramó un equipo espectacular, con carácter y con el compromiso de salir a ganar absolutamente todo, no importando las circunstancias ni ningún otro rubro que pudiera considerarse como un pretexto para no entregar las cuentas esperadas. Y la torre se ha ido desmoronando día tras día, partido a partido.
La realidad americanista es que el desempeño sobre el rectángulo de juego es igual o peor que con su anterior estratega. Los de Coapa siguen dependiendo de Guillermo Ochoa en el arco y de Salvador Cabañas en la delantera. Además, en demostraciones que atentan contra la tan comentada ideología de Daniel Alberto, el equipo acostumbra echarse para atrás en cuanto tiene la ventaja; y ha sido así, sin la lealtad a un estilo, como los emplumados perdieron la final de la Sudamericana y como se comportaron ante el Cruz Azul en el Interliga.
Un buen amigo me comentó que, a su juicio, no estuvo mal que el "Ruso" se comprometiera a conseguir títulos y a gustar. Estoy de acuerdo. La misión del timonel de una institución grande incluye ambos apartados. Sin embargo, no debemos olvidar que hablar cualquiera lo puede hacer. No hace falta haber cursado la carrera de director técnico para aparecer frente a los reporteros y augurar un futbol maravilloso y de primer mundo durante los noventa minutos.
La figura de un estratega va mucho más allá. Tiene que ver con la capacidad de modificar durante la celebración de un partido; incluye no buscar pretextos y respetar a unos aficionados que constantemente escuchan a nuevos nombres pronosticando que el sueño se hará realidad. Conocer las metas del América es importante, pero cualquiera lo hace. Ser técnico de las Águilas tendría que consistir en trasladar las ilusiones generales a la realidad sobre un deporte que está cansado de vivir de mentirosos. Hoy por hoy, Brailovsky vive bajo la sombra de una utopía que, al menos con él, seguirá como tal, sin grandes movimientos y con una oncena que es capaz de aburrir a millones de personas cada fin de semana.
La política y el deporte, en especifico el futbol, son dos de los campos propicios para lanzar discursos emotivos sin ponernos a pensar en la dificultad de su auténtica realización. Así como los candidatos presidenciales aprovechan las campañas para trazarnos e ilustrarnos el México soñado, encontramos en el balompié a esos “vendedores de ilusiones” (frase citada por Televisa para lanzarse en contra de Jorge Vergara) que aprovechan el mínimo tropiezo de sus colegas para colgarse del poder de un micrófono o de una declaración a la prensa escrita para ganar protagonismo y adeptos entre los aficionados.
De forma invariable, escuchamos quejas de “especialistas” con el deseo inmediato de quitarse la estafeta de conductores o periodistas para dirigir desde la línea de cal y ponerse en el otro lado de la moneda. Lo negativo de alcanzar un puesto aprovechando el importante espacio que otorgan los medios de comunicación es que el riesgo de sucumbir ante un tipo de efecto boomerang es más alto de lo que uno podría pensar. La misma fuerza utilizada para acceder al anhelado cargo es empleada por otros sectores para desnudar los errores y las carencias de quien asume el timón sin necesariamente presentar mayor capacidad que su antecesor.
La comunidad del futbol mexicano conoce el camino usado por el "Ruso" para acceder a la Dirección Técnica del América. El ex símbolo emplumado se valió de la fuerza mediática que le daba ESPN para lamentarse por el irregular desempeño de los de Coapa bajo el mando de Luis Fernando Tena. Acto seguido, la Directiva se siente presionada por la autoridad de uno de los referentes obligados de aquellas Águilas de los ochentas y le cuelga el saco de timonel sin que éste, Brailovsky, tuviera más mérito que el de haber sido un buen jugador sobre el terreno de juego.
Su propuesta de inicio fue romántica al cien por ciento. Diagramó un equipo espectacular, con carácter y con el compromiso de salir a ganar absolutamente todo, no importando las circunstancias ni ningún otro rubro que pudiera considerarse como un pretexto para no entregar las cuentas esperadas. Y la torre se ha ido desmoronando día tras día, partido a partido.
La realidad americanista es que el desempeño sobre el rectángulo de juego es igual o peor que con su anterior estratega. Los de Coapa siguen dependiendo de Guillermo Ochoa en el arco y de Salvador Cabañas en la delantera. Además, en demostraciones que atentan contra la tan comentada ideología de Daniel Alberto, el equipo acostumbra echarse para atrás en cuanto tiene la ventaja; y ha sido así, sin la lealtad a un estilo, como los emplumados perdieron la final de la Sudamericana y como se comportaron ante el Cruz Azul en el Interliga.
Un buen amigo me comentó que, a su juicio, no estuvo mal que el "Ruso" se comprometiera a conseguir títulos y a gustar. Estoy de acuerdo. La misión del timonel de una institución grande incluye ambos apartados. Sin embargo, no debemos olvidar que hablar cualquiera lo puede hacer. No hace falta haber cursado la carrera de director técnico para aparecer frente a los reporteros y augurar un futbol maravilloso y de primer mundo durante los noventa minutos.
La figura de un estratega va mucho más allá. Tiene que ver con la capacidad de modificar durante la celebración de un partido; incluye no buscar pretextos y respetar a unos aficionados que constantemente escuchan a nuevos nombres pronosticando que el sueño se hará realidad. Conocer las metas del América es importante, pero cualquiera lo hace. Ser técnico de las Águilas tendría que consistir en trasladar las ilusiones generales a la realidad sobre un deporte que está cansado de vivir de mentirosos. Hoy por hoy, Brailovsky vive bajo la sombra de una utopía que, al menos con él, seguirá como tal, sin grandes movimientos y con una oncena que es capaz de aburrir a millones de personas cada fin de semana.